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domingo, 4 de octubre de 2009

Homenaje

La cantante argentina Mercedes Sosa ha fallecido en la madrugada del día de hoy a los 74 años en Buenos Aires a causa de una enfermedad hepática que provocó el deterioro de sus funciones orgánicas.

La Negra Sosa (como la llamaban en su país cariñosamente) se encontraba internada desde el 18 de septiembre en el Sanatorio de la Trinidad y su salud fue empeorando progresivamente en los últimos días.

Había nacido el 9 de julio de 1935 en un hogar humilde de la norteña ciudad de San Miguel de Tucumán, en Argentina. Fue un concurso de radio el que le dio la oportunidad de demostrar sus dotes como cantante. Sólo tenía quince años, pero fueron suficientes para meterse al jurado y al público en el bolsillo y alzarse con el premio gracias a su zamba
Triste estoy.

Precursora junto a su marido, Manuel Óscar Matus, del
Movimiento del Nuevo Cancionero (corriente renovadora del folklore argentino), grabó su primer disco Canciones con fundamento en 1965. Pero sólo era el principio. Un año más tarde EEUU y Europa se rendían a sus pies con Zamba para no morir.

El secretario de Cultura argentino, Jorge Coscia, ha despedido con pesar a Sosa, a la que considera "una de las más trascendentales representantes de la cultura argentina del mundo", mientras el jefe del Gabinete nacional, Aníbal Fernández, ha destacado "su compromiso con la gente y el resto de los que han tenido que luchar y hacer cosas para que la Argentina fuera grande y distinta".


“Se nos está yendo el corazón. Ha sido una compañera inigualable, un privilegio de lucha. Nos dio su ejemplo de lucha para que podamos tener más justicia, más derechos, más democracia. Es un dolor inmenso”, declaró el músico Víctor Heredia, estrecho amigo de
La Negra Sosa."Mercedes fue la voz de quienes no teníamos la posibilidad de decir una enorme cantidad de cosas en la época de la dictadura", subrayó Heredia, al destacar el compromiso social y político de la cantante, que debió exiliarse en Madrid y París durante el régimen.

A lo largo de su carrera como cantante interpretó temas como
Gracias a la vida, de Violeta Parra, Canción con todos, de Armando Tejada Gómez y César Isella, Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez y Félix Luna, y Yo vengo a ofrecer mi corazón, de Fito Páez. Entre las estrellas internacionales que compartieron escenario con la artista figuran Luciano Pavarotti, Sting, Lucio Dalla, Nana Mouskouri, Tania Libertad, Joan Baez, Francis Cabrel, Andrea Bocelli, Silvio Rodríguez, Alfredo Kraus, Pablo Milanés, Milton Nascimento, Caetano Veloso, Chico Buarque, Gal Costa, Konstantin Wecker, Luz Casal, Ismael Serrano y Shakira.

Entre los hitos de su carrera figura haber cantado en la Capilla Sixtina del Vaticano (diciembre de 1994), en un colmado
Carnegie Hall en Nueva York (febrero de 2002) y en el Coliseo de Roma (mayo de 2002) para pedir por la paz en Medio Oriente junto a Ray Charles, entre otros.
Mercedes Sosa había lanzado este año el disco doble Cantora , con duetos con los más reconocidos músicos y cantantes de la escena iberoamericana como Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso, Shakira, Gustavo Cerati, Charly García, Calle 13 y Joaquín Sabina. La cantante, sin embargo, no pudo hacer una presentación oficial de esta obra debido a los problemas de salud que ya comenzaban a complicarse.

Cantora 1
fue nominado como mejor álbum del año y mejor álbum de folklore para los premios Grammy latinos.

Sus restos están siendo velados en el
Salón de los Pasos Perdidos en el Congreso argentino.

Sus familiares han homenajeado a Sosa con las palabras de la cantante y compositora Teresa Parodi:


“…Mercedes, salmo en los labios
amorosa madre amada
mujer de América herida
tu canción nos pone alas y hace que la patria toda
menudita y desolada no se muera todavía,
no se muera porque siempre cantarás en nuestras almas…”




Página web oficial de Mercedes Sosa

domingo, 15 de febrero de 2009

Miguel Barceló: Obra africana

No me interesa Barceló, me interesa su obra. No creo en absoluto que sea un genio, pero su obra me parece genial, aunque no se libra de ser una obra de tanteos y de ser abusiva y repetida, tanto como para no eliminar los bodrios -todo vale- que a veces -pocas, pero haylos- se cuelan en medio de una obra espontánea y serena que sale de la tierra misma como los dibujos que la lluvia deja sobre las paredes de las casas.
La primera impresión es esa: las pinturas al agua caen sobre el papel como cae la lluvia, con una mano de pintor nada racionalista (manchas, chorreones, descubrimientos de efectos inesperados...), las texturas y colores proceden del limo, de las arenas, de las fibras vegetales: tópico de regreso a los orígenes que Barceló se empeña en resucitar con cuadros donde se mezcla un dibujo rural y una pintura primitiva.
La continua sensación de que los cuadros son pruebas con felices hallazos se confirma en efectos de realismo y surrealismo repetidos después del eureka. Frecuenta las superfices blancas en que las figuras iluminadas a ras proyectan alargadas sombras, en una prolongación de Chirico.
Los motivos rurales africanos (África es más de lo que muestra Barceló) se repiten en secuencias: mujeres de hermosos culos y vestidos coloristas, cráneos de animales (entre ellos, el hombre), cadáveres de animales dispuestos sacrificialmente para la comida ritual, retratos, paisajes, naturaleza, y muerte. El universo del conocido Barceló en estado no puro, pero sí africano. Los cuadros denotan la experimentación (pintura de pruebas) con materiales naturales (y no tanto, como se puede ver en el satinado de ciertos relieves). Los formatos son cada vez más grandes y la exposición deriva en la cantidad (no siempre en la calidad). A dibujos de colorido inquietante y clásico a partes iguales, siguen cuadros de un solo motivo repetido producto de un hallazgo imposible de eliminar de la exposición por ser de quien es. ¡Qué difícil es separar al autor de su obra! Dios nos libre de lo pintores, de su narcisismo y sus obsesiones, porque por una obra buena nos colarán dos malas. Ellos, que como Barceló intentan hacerse los interesantes, ni siquiera saben lo que pintan y cuando lo saben, resultan pedantes críticos de sí mismos, los pobres.
La obra pictórica y artística de Barceló se adorna -queda bien- con obras escritas -no necesariamente literarias- en las que la lectura rápida no se hace pesada para ser de un pintor. Cuadernos de África, por ejemplo, es una de sus obras escritas en la que cuenta a la manera de un diario, los avatares cotidianos de un pintor, desde la compra a la ventana estropeada, pasando por las pruebas de materiales y los viajes a las metrópolis de este visionario colonial. En el libro, gusta la continua alusión a otros libros y autores de lo más selecto y culto, con lo que Barceló intenta crear su imagen de Narciso intelectual con causa (debo decir que entre mis posesiones bibliográficas más precidas se encuentra la edición de la Divina Comedia ilustrada por él).
La exposición que comento es una recopilación de parte de la obra producida en Mali o después de su recuerdo entre los años 80 y 2000 (hay cuadros hasta de 2006, según vi) y se presentó en el CAC de Málaga después de haber sido expuesta en Dublín. Se trata de una antología pictórica excepcional procedente de museos y colecciones privadas que incluye esculturas, cerámicas, cuadernos y obra en papel.
La exposición concluye hoy mismo -no te des prisas en vistarla- sin que sepamos su próximo destino -si lo tuviera-. La sala, un antiguo mercado, dispone de un espacio casi totalmente diáfano de una altura, iluminación y distribución magníficas. Ha sido la primera exposición que he visitado en este sitio y espero visitarlo más a menudo.
Ojalá Córdoba contara con un espacio similar y no nos tuviéramos que conformar con las salas de exposiciones museísticas de Cajasur -una de las peores salas del mundo y vergüenza ratera de una institución que pretende trabajar por Córdoba, un Monte de Piedad que se quedó en Colina- o con otras salas, buenas como la de Vimcorsa, pero que no poseen ni las dimensiones ni la envergadura para alojar exposiciones como la de Barceló, una obra sin duda de una altura cultural excepcional.

miércoles, 13 de febrero de 2008

El mundo

La realidad vista desde los ojos de un niño, de un adolescente y de un adulto incrustados a golpes de recuerdos. En este libro, el autor nos lleva de la mano a lo largo de las vivencias más impactantes de su vida. Utiliza un lenguaje simple, con suaves toques de lirismo, muy agradable de leer. Sin duda es el libro que más me ha gustado de Juan José Millás, ya que sus textos suelen entrañar cierta dificultad por lo extraños que resultan- personajes e historias-. Lo recomiendo porque además de que me ha gustado y he disfrutado con él, nos muestra cómo fue una época ya pasada pero que aún recordamos formando parte de nuestra historia más reciente.

Juan José Millás, El mundo. Premio Planeta 2007

martes, 4 de diciembre de 2007

El profesor: un libro para olvidar



Aunque lógicamente la contracubierta pretende que el libro es un homenaje a la profesión, no puede encontrarse peor muestra de ello en este bodrio encuadernado. El profesor de Frank McCourt es el ejemplo de un inútil de la profesión que reconoce no tener dominio ni del aula, ni de la materia, ni de las circunstancias y que para sobrevivir y mantener callados a sus alumnos se dedica años y años a contar su vida simplemente. Gracias a este libro se entiende no sólo la vida de McCourt, sino toda su producción literaria: no ha hecho otra cosa más que contar su vida (y se ha tirado años haciéndolo y cobrando por ello). Y cuando la escribe ya jubilado en su éxito Las Cenizas de Ángela, primera parte de su autobiografía, Frank ya ha pulido la obra cientos de veces contándola a cientos de estudiantes a los que lo único que enseñaba era eso: su desgraciada vida (siempre se presenta como víctima). Después de la segunda parte que no menciono por no hacer publicidad, McCourt viendo que ya no le quedaba nada que hacer en el mundo literario, porque sólo sabe contar su vida, escribió este El profesor que sirve de confesión de su fracasada carrera profesional: cuando va de excursión con el alumnado, la gente le recrimina que no haga nada por educarlos, pero a él le da igual, se deja llevar; cuando le insisten en que enseñe algo en clase, lo intenta, pero como algunos alumnos lo corrigen poniéndolo en evidencia, desiste y sigue con lo de contar su vida... No sólo tuvo la poca vergüenza de hacerlo -mientras cientos de profesionales se afanaban y se afanan en educar a alumnado en condiciones socioculturales muy duras- sino que siguió con la poca vergüenza de contarlo y cobrar en ambos casos por ser un profesor para olvidar. Menuda jeta, señor profesor.